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Autora: Pepa Celaya Armisen |
Tal como afirma Juan Torres del Consejo Científico de ATTAC, “La necesidad de cambiar el modelo productivo de nuestra economía se ha convertido en un eje central del debate político”. Todos reconocen el papel de la Ciencia para superar los efectos devastadores de la crisis y hacer posible el cambio de modelo. En este sentido, y a pesar de algunas de sus consecuencias que nos obligan a reducir el gasto público con ajustes que afectan a todas las administraciones, es justo reconocer el importante esfuerzo del Gobierno del Estado, a través del Ministerio de Ciencia e Innovación, para impulsar la reactivación económica con una política de inversiones en I+D+i que garantizan al cien por cien nuestra capacidad científica y la intentan optimizar para hacer posible la transferencia del conocimiento y su impacto en nuestro sistema de crecimiento. En los últimos seis años se han incrementado en más de un 160% los fondos destinados a las políticas de Ciencia y actualmente, a pesar de las obligadas reducciones presupuestarias que afectan al conjunto de la Administración General del Estado, los presupuestos del 2011 mantienen la capacidad inversora del Ministerio de Ciencia, no afectan al fondo destinado a subvencionar proyectos de I+D+i, ni a las becas y contratos con las universidades y centros de investigación, ni a los créditos a empresas innovadoras, ni a las transferencias a los organismos públicos de investigación. La bajada del 0,77% para el Ministerio de Ciencia –muy por debajo de la media general del 15%- únicamente afectará a los costes de la maquinaria administrativa del ministerio que se intentará compensar con nuevas estrategias para mejorar la eficiencia y austeridad de su funcionamiento. Los niveles de investigación vinculados al Plan Nacional de I+D+i y la Estrategia Estatal de Innovación se mantienen intactos, garantizando la plena operatividad del sistema científico y su fortalecimiento con importantes avances en las políticas de innovación. Disponemos de un stock enorme de conocimiento distribuido entre los diferentes centros públicos y privados de investigación, las universidades y empresas que debemos aprovechar para que incida realmente en la recuperación económica y el cambio de modelo. La reorganización del CDTI para ayudar a las empresas innovadoras y de base tecnológica ofreciendo orientación y ayudas económicas al sector privado es importantísima. Se ha hecho un gran esfuerzo para simplificar los procedimientos, agilizar las convocatorias y la concesión de préstamos, reducir las exigencias de avales, para mejorar en definitiva la eficiencia y eficacia de la gestión pública destinada al sector empresarial. El conocimiento que emerge de la frontera de la Ciencia es el que realmente transforma las economías y las hace avanzar. Y el esfuerzo del Ministerio de Ciencia e Innovación para hacerlo posible es ingente. Confiamos que produzca sus frutos lo antes posible. Pepa Celaya Armisen
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